En el año 1960, el diseñador danés Hans Wegner presentó en sociedad su asiento más rompedor, especialmente comparado con su estilo tradicional: La Silla Ox

Cuando le preguntaron el por qué de sus formas radicales, respondió: “Debemos tener cuidado de que no todo se ponga tan terriblemente serio. Debemos jugar, pero debemos jugar en serio”.

60 años después, la innovación y creatividad ya se consideran parte de las actividades esenciales de casi cualquier empresa. Sin embargo, por el camino hacia convertirse en una herramienta seria, ha perdido el que puede ser uno de sus motores principales: El juego.

En muchas ocasiones, se malinterpreta al juego como un antagonismo de lo serio, lo profesional o útil. Incluso, se le llega a considerar una distracción sin valor productivo o cultural.

El juego como herramienta productiva

Sin embargo, el juego es anterior al hombre: Todos los mamíferos conocidos, y algunas aves y anfibios, juegan durante toda su vida. Que sea tan prevalente nos indica que cumple por necesidad una o varias funciones esenciales para la supervivencia. Aunque el juego tiene múltiples roles en distintas facetas, a efectos prácticos es una excelente herramienta para:

  • Experimentar. Jugando, se prueban nuevas estrategias y posibilidades dentro de un set de reglas limitadas. En la mayoría de los juegos, usar la misma estrategia siempre no funcionará por mucho tiempo, obligando a los jugadores a crear nuevas soluciones. La única forma de comprobarlas es fallando en primeras iteraciones, y refinando la jugada hasta alcanzar la victoria.
  • Colaborar. Muchos juegos son para más de un participante. De las interacciones surgidas del juego, se genera un aprendizaje experimental: La mecánica del juego te permite conocer tus límites y aptitudes físicas y mentales, y cómo éstas se combinan con las de tus compañeros de equipo y/o rivales. Esta combinación con otros participantes es además casi imprescindible para alcanzar la victoria.

El juego como cultura

John Huizinga, filósofo e historiador holandés, establece en su libro Homo Ludens (1938) la tesis opuesta: toda la cultura humana tiene estructura de juego. Para ilustrarlo, comparemos el fútbol con un trabajo de oficina corriente:

 

Espacio. Un partido de fútbol discurre dentro de un campo de juego delimitado, de la misma forma que la mayoría de las oficinas tienen puestos fijos para sus trabajadores.

Tiempo. En el fútbol, tienes 90 minutos. La mayoría de los trabajos son de 9 a 5.

  Reglas. Sólo el portero puede agarrar el balón con las manos. En muchos trabajos hay reglas formales e informales, como el código de vestimenta.

Objetivos. El partido lo gana quien más goles meta, mientras que casi todas las empresas buscan seguir creciendo.

 

Recompensas. Si juegas a un nivel medianamente competitivo, puede que ganes trofeos o medallas por ganar, aunque muchas veces la victoria es la recompensa en sí misma. En un contexto laboral, la recompensa es principalmente económica.

Uso aplicado

Si el juego tiene la misma estructura cultural que el trabajo, y tiene usos prácticos, ¿Cómo aplicarlo?

Hay muchas dinámicas, herramientas y juegos de todo tamaño y alcance, con los que desarrollar habilidades como la comunicación, la colaboración y la confianza, para equipos de todo tamaño. Para comenzar a adentrarse en este mundo, la siguiente dinámica es ideal: No lleva mucho tiempo, y puede realizarse con materiales muy comunes y fáciles de obtener. Está especialmente indicada para estrechar vínculos en equipos de trabajo, ya sean nuevos o antiguos.

Buscaminas Humano

Duración – 30 minutos

Materiales – Papel arrugado (Reciclado idealmente), vendas para los ojos, cinta de carrocero (Opcional)

Descripción

Una versión cooperativa y “Analógica” del popular juego, donde la comunicación, colaboración y la confianza cobran absoluto protagonismo. Sólo necesitaremos disponer de un espacio amplio y plano para desarrollarla, tanto en exterior como en interior.

Los participantes se dividen en dos a cinco equipos (Idealmente, tres o cuatro), de dos a seis personas (Idealmente tres a cinco). Cada equipo escoge a un “Capitán”, que llevará una venda en sus ojos durante todo el desarrollo del juego.

El terreno de juego idealmente debe estar demarcado con cinta de carrocero o con otro método que quede claro para todos los jugadores. En su interior, se colocarán las hojas de papel arrugado (Las “Minas) en una posición aleatoria. Los “Capitanes” de cada equipo se colocan en un extremo del interior del campo de juego, al que no puede entrar ningún miembro del resto del equipo (Se pueden colocar en cualquier punto del perímetro del terreno de juego).
El objetivo: Conseguir que el “Capitán” de tu equipo alcance el otro extremo del terreno de juego, sin tocar ninguna de las “Minas”, guiándose solamente por las instrucciones de su equipo. Pisar una mina supone que el “Capitán” regresa al punto de partida, y cede la venda a otro miembro del equipo, que pasará a ser el nuevo “Capitán”.

Aprendizajes:

  • Estrategia. Especialmente si hay muchos equipos participando, pronto será evidente que es una tarea más compleja de lo que parece. Los equipos más exitosos tienden a desarrollar una estrategia de juego potente antes de comenzar a jugar.
  • Comunicación. Con el sentido de la vista anulado, sólo queda la comunicación verbal para comunicarse. Se necesitan instrucciones precisas para conseguir llegar al objetivo, capaces de distinguirse de las de otros equipos y de transmitir la información necesaria de forma efectiva y rápida.
  • Colaboración. No sólo entre el “Capitán” y el resto de los jugadores: Es importante establecer roles claros para cada miembro del equipo, para repartirse las tareas de forma efectiva. Aunque no suele suceder, en ningún punto de las reglas de juego se especifica que no se puede colaborar entre equipos. Cuando esto sucede, se pueden conseguir muchos mejores resultados que compitiendo entre sí.
  • Confianza. El “Capitán” depende claramente de su equipo para conseguir el objetivo. Además, el resto de los miembros del equipo tienen que confiar en sus compañeros: Es muy complejo que cada participante observe, de instrucciones y genere una estrategia en tiempo real de forma efectiva, por lo que todos se verán forzados a delegar funciones en sus compañeros y confiar en su aporte.

Autor: Rodrigo Sánchez