Como ya hemos comentado en muchas ocasiones, el diseño centrado en el usuario permite a los diseñadores trabajar más cerca que nunca con su público objetivo, es decir, ya no solo se diseña para la gente, sino que se diseña con ellos. Es un proceso de trabajo que comienza con las personas y que termina con nuevas soluciones hechas a medida para dar respuesta a sus necesidades. Sin embargo, aprender a trabajar, mano a mano, con el usuario no ha sido tan sencillo para los diseñadores.

No diremos que el ser humano es un poco mentirosillo por naturaleza, para que nadie se ofenda, pero lo que sí es cierto y podemos afirmar, es que en muchas ocasiones existe una discordancia entre lo que decimos, hacemos y sentimos. Es por ello que el papel del diseñador se vuelve crucial, ya que no solo debe obtener información del usuario, sino que además, tiene que ser capaz de identificar la veracidad de la misma.

Como si de una pirámide se tratase, el ser humano presenta tres capas. En la cúspide encontramos la capa de lo que decimos. Lograr llegar a este primer escalón resulta sencillo, ya que con técnicas como la entrevista o el focus group, cualquier usuario nos dará una gran cantidad de información. El principal problema es que no siempre contamos la realidad, solemos dar respuestas socialmente aceptadas, incluso sin llegar a ser conscientes de ello.

El reto viene a continuación. Seguir descendiendo por la pirámide y llegar a la capa de lo que hacemos, es fundamental para el proceso de diseño y a la vez una tarea compleja. Llegado a este punto, se recomienda el uso de técnicas de observación, como la observación encubierta, el mystery shopper o el shadowing. Analizar a los usuarios cuando están realizando acciones en su contexto sin influir en ellos, nos dará conclusiones más ricas y útiles para nuestro proceso de diseño. Además, podremos comprobar si existe contradicción entre sus palabras y su hechos, lo que, sin duda, será una gran fuente de información.

Por último, llegamos a la capa de los pensamientos y sentimientos, el lugar donde se encuentran nuestras necesidades más reales y motivaciones. Como hemos mencionado al principio, un buen producto o servicio debe dar respuesta a las necesidades de su usuario, por lo que conocerlas en profundidad será sinónimo de un buen resultado. El problema es que normalmente a las personas les cuesta desvelar sus sentimiento, hasta tal punto, que incluso se pueden llegar a reflexiones que ni ellos mismo se habían hecho. Por ello las sesiones de cocreación son una gran herramienta. A través de diferentes técnicas, algunas más racional y otras más emocionales, el usuario consigue contar o plasmar lo que lleva dentro. En la sesiones de cocreación los participantes son los protagonistas y los encargados de expresar con palabras, con dibujos, o mediante formas, todo lo que necesitan, les motiva o sueñan.

Finalmente, hay expertos que hablan de una cuarta capa ligada a la conexión. Por ejemplo, conocer el nivel de aceptación y consciencia que un paciente tiene sobre su enfermedad. Temas tan delicados como las enfermedades también son ámbitos de estudio para los diseñadores, por ello cada vez más empieza a definirse esta cuarta capa y las posibles técnicas para llegar a ella.

Como os hemos contado en este post, las técnicas de cocreación son claves para profundizar en las necesidades de nuestros clientes y ayudar a desarrollar productos y servicios que sean todo un éxito. Si necesitas un empujón para desarrollar tu proyecto contacta con nosotros y  nuestros expertos te ayudarán a perfeccionar tu proyecto. ¿Nos vemos? 

Nuestra SlashGirl, Irati Besga,UX Researcher & Visual Designer, es la autora de este post.

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